Artículo: Shin-Gi-Tai. Franck Noël.

Shin GI Tai. Franck Noël.

 

   ¿Cómo llamar a esto? ¿Una trilogía, un tríptico, un trío? No se sabe. Por otra parte, poco importa.

  

   Shin-GI-Tai: La mente, la técnica y el cuerpo como tres polos indispensables e indisociables de la eficiencia de una acción en el terreno marcial o deportivo. O, cómo una acción, para lograr su más alto grado de eficiencia, debe reunir en ella el súmmum de estas tres dimensiones.

 

   Sólo podemos sumarnos espontáneamente a este análisis y probablemente incluso estar tentados a aplicarlo a otros terrenos más (disciplinas artísticas, política, mundo de los negocios…). Sin embargo, como es siempre el caso con las evidencias, las cosas se complican singularmente cuando intentamos afinarlas.

 

   ¿Dónde situar las fronteras entre estos tres conceptos?

 

   ¿Cuál es la naturaleza de las cualidades o competencias requeridas para cada uno de ellos ? ¿Hay una jerarquía entre ellos? ¿Cómo funcionan las interacciones entre el uno y el otro? Porque hace falta un cuerpo para dar vida a una técnica y hace falta una imagen mental de dicha técnica y una voluntad (o un no querer) para ponerla en práctica. Esta mente, ¿es determinación, serena concentración o atenta escucha? ¿Está puesta en sí mismo o en el otro? Y cuando hablamos de capacidad física, ¿nos referimos cuantitativamente (potencia, resistencia) o cualitativamente (coordinación, percepción, adaptación)? Y esta cualidad, ¿no forma parte ya de la técnica? Porque “técnica” describe, cierto, “las” técnicas, los esquemas técnicos, pero también “la” técnica, es decir, la capacidad a hacer vivir estos esquemas, o a crearlos, o a improvisar otros.

 

   Lo vemos, son numerosos los interrogantes y podríamos estar tentados a aportar una sola respuesta lacónica del tipo “todo está en todo” que no hace avanzar nada las cosas incluso siendo tan difícil de refutar.

 

   Sin embargo, antes de intentar avanzar más, no sería superfluo, sin duda, situar nuestra interrogación más precisamente en el terreno del aikido.

 

   No se trata aquí de eficiencia sino, más bien, de pertinencia o adecuación.

 

   No se trata tampoco de un plazo donde haría falta más que nunca responder rápidamente, sino más bien, con atención a todos los instantes unidos a un deseo (una obligación?) de progresión o de evolución (el “do”).

 

   En fin, nos situamos en el ámbito de un intercambio con el compañero y en el seno de un grupo y no con la perspectiva de la afirmación de sí mismo.

 

   Estas características de nuestra disciplina dan pues, a todas las preguntas que nos hemos hecho, una orientación sensiblemente diferente de lo que un deporte implicaría. Sin embargo, tienen toda su pertinencia en la perspectiva de educación global de la persona y del grupo que debe ser tanto la del practicante como la del instructor.

 

   ¿Podemos hacer uso de este concepto en nuestra práctica cotidiana? Y, si es el caso, ¿cómo reformularlo de una manera más utilizable y más coherente a nuestro propósito?

 

   Por supuesto, no pretendemos (¿lo podríamos quizá?) exponer una guía exhaustiva del buen uso de la trilogía Shin-Gi-Tai, sino simplemente apuntar un cierto número de problemas concretos que le son inherentes y ayudar a tomar conciencia.

 

   Tomemos algunos ejemplos.

 

   Consideremos la respiración. Algunos profesores hablan poco o nada de ella, otros explotan y desarrollan este tema, pero todos respiran 24 horas al día. Si queremos avanzar en este terreno, ¿hace falta buscar una técnica respiratoria? ¿Un estado mental? ¿Un proceso físico? La respiración adecuada, ¿será controlada y requerida para aplicarla a cada una de las fases del movimiento permitiendo que éste sea pleno y total? O, por el contrario, ¿será una respiración que se olvide, que fluya sin pensar y se adapte a las necesidades del movimiento? ¿Va a permitir relajación y disponibilidad, o será consecuencia, al contrario, de esta relajación?

 

   Las mismas preguntas nos hacemos, de hecho, para la relajación misma (técnica, estado físico o estado mental?) ¿Una técnica adecuada permitirá relajarse o es lo inverso, la relajación la que permitirá la adecuación? ¿Se puede conciliar relajación y potencia? ¿Y se tratará entonces de técnica o de física? Todo esto no son sólo artimañas. Estas preguntas son concretas para el instructor que debe proveer y abastecer de herramientas, que debe elegir un orden y un ángulo de ataque para abordar estas nociones.

 

   Cómo, por ejemplo, responder a la pregunta: ¿Qué debo hacer para relajarme? (que deja pensar que la relajación es una técnica de la que podemos acapararnos). Tenéis la elección entre: “Practica y ya vendrá”, “Piensa en ello a cada instante” y “haz ejercicios de relajación”… o aún otras soluciones, las cuales, ninguna es realmente satisfactoria.

 

   Otros terrenos son tan difíciles de separar, como por ejemplo la relación que unen la centralidad (unidad del cuerpo), equilibrio, concentración y serenidad, las cuales sentimos bien que participan del mismo paradigma. Pero, ¿por dónde empezar? ¿Hay que ir de lo mental (tranquilidad de espíritu) hacia lo físico (unidad del cuerpo) por medio de un elemento técnico (centralidad), o al revés?

 

   Tanto la experiencia como la intuición nos aconseja, por supuesto, variar los enfoques, hacer idas y venidas sobre el camino, pero la realidad de los procesos de adquisición sigue siendo un misterio.

 

   Una pregunta aún más espinosa se realiza en cuanto a la contradicción, que hay que admitir, entre el desarrollo físico (Tai) y el principio de economía (Gi). En cierta manera, el objetivo del Gi es de liberarse del Tai. Porque la economía es el sentido y la esencia misma de la búsqueda técnica: Llegar al máximo de efecto con el mínimo esfuerzo. En toda situación, adoptar la solución más simple, la más ligera, la menos costosa, no por espíritu de facilidad (aunque… ¿por qué no?) sino para guardar en la reserva el máximo de potencial. Para mantener muy abierto el abanico de posibilidades. ¿Cómo conciliar entonces este concepto con la adquisición de potencial físico? Nos hacemos esta pregunta en todos los instantes de la práctica, en todos los momentos de la relación entre uke y tori: Elegir la economía o el desarrollo de la potencia. La economía va de la mano de la adaptación, la percepción, la escucha, la lucidez. Estamos aquí realmente en los confines de la mente, de la técnica y del físico, cierto, pero del físico cualitativo… no sabemos muy bien cómo articular el físico cuantitativo al que habría que hacer sitio.

 

   La respuesta aportada a este problema es a menudo del tipo: “Empieza primero por forjarte un cuerpo”. Muy bueno. Esto refleja sentido común. Pero, ¿qué cuerpo? Un cuerpo de sumo, de corredor de maratón o de hombre serpiente? Y, hasta cuándo habrá que continuar a intentar desarrollar la potencia antes de buscar dejarla a un lado? Es difícil precisar más y debemos sin duda contentarnos diciendo que es cosa de cada uno y que la edad y la experiencia se ocuparán de resolver este problema sin que sea necesario pensarlo. Pero esta constatación, un poco decepcionante, no deja muy satisfecho al instructor…

  

   Y es más, el Tai es también portador de otras interrogantes porque, hasta ahora, sólo hemos hablado en términos de desarrollo o de educación. Pero hay que evocar también la “preservación”, el “mantenimiento” y el “júbilo”. Porque es necesario que el cuerpo exulte para que siga motivado y que permanezca en estado de funcionamiento para durar. ¿Cómo conciliar todas estas necesidades? ¿Cuándo y cómo deslizar del desarrollo al mantenimiento? ¿Y no habrá ahí una repuesta para responder a la pregunta precedente?

 

   A través de todos estos interrogantes se impone una constatación: Estos 3 conceptos están inextricablemente ligados y sería en vano querer utilizarlos de manera analítica, sistemática o según una progresión rigurosa o encadenamiento lógico de las relaciones causa-efecto.

 

   Pero no por ello, sin duda, hay que descartar en bloque este trío que nos había seducido en un primer momento por su evidencia: consideremos que deben, modestamente, llenar el rol de recordatorio. Recordarnos, a nosotros, practicantes e instructores, llevar nuestra exigencia sobre estos tres polos de los cuales, cada uno, hemos percibido su complejidad. Incitarnos a utilizar alternativamente estos tres principios. Hacer que nuestra inquietud de desarrollo y de plenitud de la persona como del grupo no se focalice abusivamente sobre un solo aspecto de la práctica y se den así más posibilidades de globalidad y por ello de perennidad e incluso de universalidad.

 

   Somos conscientes del hecho de que no ha sido aportada ninguna verdadera respuesta a lo largo de este mismo texto incluso si, como todo instructor, el autor de estas líneas tiene, por supuesto, sus opiniones, opciones y orientaciones.

 

   Y, sin duda, es también una característica del “do” no reclamar respuestas cerradas y definitivas a sus preguntas puesto que ellas son justamente el motor que nos mantiene en movimiento sobre el camino. Pero el instructor, el sensei, tiene, él, la obligación de hacer elecciones en cada instante en lo que él propone y en lo que él expone. Elecciones que son, en cierta manera, elementos de respuesta al montón de preguntas que planean en el aire del dojo. La responsabilidad de su rol es pues el de no olvidar que estos elementos de respuesta sólo son provisionales y aproximativos y…de dejarlo lo suficientemente claro a sus seguidores.

Franck Noël

Traducción: José María Sevilleja


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