El Verdadero Guerrero no es Marcial.
K. Ueshiba, Doshu (fallecido)
En el Volumen Sesenta y ocho del Lao Tsu está lo siguiente:
El Buen Guerrero no es marcial.
Una persona buena en el combate no está enfadada.
Aquel que se gana a sus enemigos no se deja afectar por ellos
Aquel que hace un buen uso de la gente, se pone a si mismo por debajo de ella
A esto se le llama la Virtud del No-Combate;
A esto se le llama usar la fuerza de la gente;
A esto se le llama situar los extremos del Cielo.
El significado de este pasaje es el siguiente:
La persona que es buena en batalla no es ruda
La persona con la habilidad para la lucha no se pone furiosa
La persona que se gana a sus enemigos no les presta atención.
Al adherirse a estos principios se le llama Virtud.
y también se le llama usar la fuerza colectiva de la gente.
Esto permite el superar el tiempo y el espacio,
y es igual a las alturas del Cielo.
Las palabras de una verdadera persona del Camino son
verdaderamente capaces de perdurar más allá de los tiempos.
Aquí le encontramos, en estas palabras de Lao Tsu de hace más de
dos mil años, aceptando la no-confrontación como la más alta de
las virtudes. No hace falta que yo esté aquí hablando también
sobre la naturaleza espiritual del Aikido.
Algunas veces oigo comentarios como los siguientes, procedentes
de varias personas interesadas en la relativa fuerza o debilidad
de un arte marcial particular: "El Aikido no es efectivo",
"El Aikido no es realmente nada especial", "El Aikido es básicamente
débil, razón por la cual ellos siempre hablan sobre el corazón y
el espíritu", etc. Incluso cuando me encuentro con pronunciamientos
de este tipo, yo, sin embargo nunca me preocupo. Esto es porque la
equivocada lógica en la cual estos comentarios se basan, no puede
en ningún modo perturbar mi fe en los subyacentes principios del
Aikido.
Uno, debe darse cuenta que introducir solo la pregunta de quién es
"más fuerte" o "más débil" es por sí mismo la evidencia que una
persona se concentra solo en una faceta del Arte Marcial. Sin
niguna duda, de tales personas se reirán aquellos que tienen una
verdadrea comprensión de lo que aquí estoy diciendo.
Visto de otra manera, sin dirigirse a los temas del corazón y el
espíritu, poco hay más en lo que las Artes Marciales tengan un
verdadero significado en el mundo de hoy día.
De esto tengo una completa e inamovible fe. Tal como seguimos por
este Camino, nosotros mejoramos como personas. Como tales, con el
tiempo llegamos a contribuir como miembros de la sociedad, capaces
de realizar actos que benefician a otros. La fe en este concepto
es muy importante.
Visto desde la perspectiva de la sociedad ampliamente uno podría
incluso decir que deportes como el beisbol o fútbol contribuyen
mucho más que aquellas artes marciales que están preocupadas en
ganar concursos y que ignoran los elementos espirituales que he
mencionado arriba. Por ejemplo, cuando un padre o madre piensa en
tener a su hijo o hija practicando un Arte Marcial, yo entiendo
que la mayoría lo hacen con la esperanza que el niño mejorará sus
maneras. Pensando sobre esto un poco más, sin embargo, yo no estoy
del todo seguro que el niño no pueda aprender más sobre maneras
ingresando en un equipo de beisbol o de fútbol que lo haría
apuntándose a practicar una de las Artes Marciales centradas en
concursos ganador-perdedor. Nosotros debemos recordar que los
deportes de equipo promueven el trabajo de equipo y la cooperación
con otros. ¿Querría realmente un padre o madre enviar su niño o
niña a practicar algo que estimula el uso de la violencia mientras
uno crece más fuerte y orgulloso de su fuerza física? E incluso si
los padres no se cuestionan esto, ¿qué clase de contribución
podríamos esperar que tales niños hicieran como futuros miembros
de la sociedad, ellos mismos?
Uno puede, naturalmente, tomar la postura de las Artes Marciales,
como cuestión de vida o muerte, están en un reino fundamentalmente
diferente a los deportes de competición de cualquier clase. A mí,
me gustaría sin embargo, que aquellos que adoptan esta posición se
preguntaran realmente a ellos mismos si de verdad, no se apartan
artificialmente del tema importante.
Esta es la razón por la cual yo continuo argumentando con todo el
énfasis a favor de la importancia de entrenar el corazón y entrenar
el espíritu a través de la práctica diaria del Aikido con nuestros cuerpos físicos.
The Aikido. Aikido World Headquarters, Tokyo. 1997
Agradezco la colaboración de Rafael Jaen Tapiola para la traducción de este texto
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